La historia de

La Banca
Privada en España:

Creadores de Prosperidad

2002-2019

En vísperas de la Crisis Financiera Global

Al finalizar el siglo XX, la banca privada española aparecía dominada, en un 80%, por entidades especializadas. El 20% restante correspondía a secciones de la banca universal. El patrimonio gestionado se aproximaba a los 10 billones de pesetas.

El fuerte crecimiento de la banca universal en el arranque del siglo XXI explica que, en 2007, sus secciones de banca privada ya tuviesen una cuota superior al 55%. Se vivían años de verdadera euforia, donde pocos ponían en cuestión un modelo de crecimiento excesivamente basado en el sector inmobiliario. La riqueza heredada, mayoritaria en los años de la Transición, estaba perdiendo terreno frente a la riqueza de nueva creación, y el asesoramiento y la gestión de patrimonios eran servicios muy demandados.

El patrimonio gestionado por la banca privada se había más que triplicado desde 2000. Madrid suponía el 43% del mercado, frente al 22% de Cataluña o el 19% del Levante. La crisis de los 70 y 80 quedaba muy atrás y pocos pensaban que se podría repetir algo así. No hubo prisa en adoptar MiFID I (Markets in Financial Instruments Directive), aprobada en abril de 2004, que entró en vigor en España en noviembre de 2007.

Sin embargo, la caída de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, desencadenaría una Crisis Financiera Global y una Gran Recesión, cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. La titulización de las hipotecas subprime se había mostrado fallida. El patrimonio gestionado por la banca privada española caería y no recuperaría su nivel de 2007 hasta 2013.

La política monetaria no convencional

La Reserva Federal (Fed) dejó caer Lehman Brothers, pero apoyó la integración de otros bancos de inversión en grandes bancos comerciales (Bear Stearns, Merrill Lynch) y la transformación de algunos en bank holding companies (Goldman Sachs, Morgan Stanley) para quedar más protegidos. Las consecuencias recesivas de la crisis financiera que había estallado fueron afrontadas, a finales de 2008, con política monetaria "no convencional": drástica bajada de tipos de interés hasta el 0% y Quantitative Easing (QE), es decir, emisión masiva de billetes para adquirir activos financieros. Esta política había sido ensayada en Japón en los albores del siglo XXI.

En medio de un clima muy crítico con el sistema financiero, el presidente demócrata Barack Obama consiguió ver aprobada en 2010 la Ley Dodd-Frank (con el apoyo decisivo de tres senadores republicanos) que introdujo nuevos mecanismos de control para proteger a los consumidores de productos financieros y afrontar los riesgos sistémicos. La política monetaria impuesta por Ben Bernanke al frente de la Fed empezó a ser desmontada a finales de 2014 por su sucesora, Janet Yellen, conforme recuperaba el pulso la economía estadounidense. En 2018, el presidente republicano Donald Trump rebajaría las exigencias de la Ley Dodd-Frank para las entidades de tamaño más reducido. En ese momento, entraría en vigor en Europa la directiva MiFID II, más exigente que MiFID I.

El Banco Central Europeo (BCE) se ha mantenido en el QE durante toda la presidencia de Mario Draghi (2011-2019) y el balance de la entidad ya supera el 40% del PIB de la Eurozona, el doble de lo que representa la Fed, pero todavía lejos del 100% en que se ha situado el Banco de Japón. En consecuencia, los tipos de interés de referencia en Europa se mantienen en niveles que empiezan a ser negativos y que hacen muy difícil un funcionamiento eficiente del sistema financiero. La "trampa de la liquidez" que planteó John Maynard Keynes en 1936 está entrando en funcionamiento.

Bancos y bolsas frente a la crisis

La Crisis Financiera Global ocurrió en torno a los productos hipotecarios, que habían concentrado todo el interés del mundo financiero occidental tras los procesos de desindustrialización desencadenados por las crisis del petróleo. El epicentro de la crisis se situó, por tanto, en la banca, pero las bolsas terminarían por verse también afectadas.

En España, el boom del sector inmobiliario fue descomunal, llegando a situarse el crédito hipotecario al nivel del PIB hacia 2009-2010. En esos años empezó un desplome del sector que induciría la crisis bancaria más grave de toda Europa. El Gobierno tuvo que crear organismos para las recapitalizaciones (el FROB, junio de 2009) y el saneamiento de activos dañados (la SAREB, noviembre de 2012). En junio de 2012, se hizo obligado solicitar un rescate bancario a la Unión Europea, que supuso recibir un crédito de más de 40.000 millones de euros.

La crisis indujo la práctica desaparición de las cajas de ahorros (solo se salvaron dos), que estaban muy controladas por las Comunidades Autónomas desde 1985, y la disminución del número de "entidades nacionales" bancarias: de 64 en 2010 a 43 en 2018, según el anuario de la patronal AEB. El traspaso del Banco Popular al Santander, en junio de 2017, constituye un caso tardío pero sonado.

Como antes había ocurrido con la burbuja puntocom, la "doble recesión" de la economía española (con fuertes caídas del PIB en 2009 y 2012) tuvo su reflejo en las cotizaciones bursátiles. El patrimonio de los fondos de inversión cayó entre 2007 y 2012, pero, luego, ha tendido a aumentar, nutriéndose del dinero que sale de los depósitos bancarios por su nula rentabilidad.

Oportunidades para la nueva banca privada

En la banca privada española se dejó sentir la Crisis Financiera Global, pero de forma temprana y mitigada (la caída en el patrimonio gestionado solo ocurrió entre 2007 y 2008). Los 300.000 millones de euros gestionados en 2008 se han convertido en unos 500.000 millones en nuestros días, con un crecimiento continuo.

Los grandes bancos universales han seguido mostrando interés por este pujante segmento y van camino de invertir el reparto de cuotas de principios de siglo: 80% para secciones de banca universal y 20% para entidades especializadas. En el ranking de FundsPeople para 2018 destacan los casos de Santander (22% de cuota en patrimonio gestionado), BBVA (15%) y CaixaBank (14%).

La creciente desigualdad en el reparto de la renta y la riqueza, dentro de cada país, es un fenómeno muy característico del siglo XXI. Esto explica el auge de los HNWIs (High-Net-Worth Individuals) y los UHNWIs (Ultra High-Net-Worth Individuals), que son los clientes de la banca privada. Las estimaciones difieren, pero, por ejemplo, un estudio de Credit Suisse Research Institute (2018) afirma que, en 2023, España tendrá 1,2 millones de HNWIs, tras experimentar el mayor crecimiento de Europa (solo igualado por Alemania).

Con seguridad, en este mundo en expansión habrá oportunidades para las entidades especializadas, pues numerosos estudios ponen de manifiesto una creciente demanda de entidades que operen con verdadera independencia de criterio, como A&G Banca Privada, que destaca en el ranking de FundsPeople.

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